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El fin de un ecologismo radical

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Culto a la Pachamama en el Vaticano
Ceremonia de culto a la Pachamama («madre tierra») en presencia del Papa Francisco en los jardines del Vaticano

El coronavirus nos muestra que la naturaleza produce desequilibrios y enfermedades. No es el hombre quien debe servir a la naturaleza sino que debe gobernarla con sabiduría y hacerla servir a sus necesidades.

Una divinización de la naturaleza

Una de las consecuencias que está trayendo la epidemia del virus chino es que, la especie de divinización de la naturaleza que están queriendo imponernos los movimientos ecologistas y más recientemente desde el propio Vaticano, tendrá que ser enviada al baúl de los recuerdos.

En efecto, se nos ha querido inculcar que la naturaleza ‒o como dicen, la “Madre tierra”‒ pura y originalmente no contaminada, posee un equilibrio idílico que el hombre con su contaminación se ha transformado en su destructor. Esto haría que la naturaleza se vengaría del hombre con toda especie de catástrofes naturales. Y como, para ellos, el hombre es parte de la naturaleza, su destrucción sería también la ruina del equilibrio dentro del propio hombre.

Una concepción panteísta

No nos dejemos engañar: la idea de que el hombre y la creación son una misma cosa, no es otra cosa que la reedición de las antiguas patrañas del panteísmo.

La realidad de esta epidemia nos muestra que la naturaleza produce desequilibrios y enfermedades. No es el hombre quien debe servir a la naturaleza sino que debe gobernarla con sabiduría y hacerla servir a sus necesidades.

El hombre de gobernar la naturaleza

La Revelación [1] nos enseña que la creación fue confiada al cuidado y al gobierno del hombre en vista del fin último que es Dios. El hombre tiene el derecho, porque tiene el deber, de administrar la creación material, gobernarla y tomar de ella lo que es necesario y útil para el bien común. Dios confió la creación al hombre, a su intervención según la razón y a su capacidad de dominación.

El hombre debe ser el regulador de la creación y no al revés.


[1] «Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra.» (Génesis 1:28)

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23/07/2020 | Por | Categoría: Coronavirus
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