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Adviento: recogimiento, discreta compunción y esperanza

Rescatando las tradiciones del adviento

Esta “Corona de Adviento”, fue instituida por el Papa San Gregorio I el Grande, con el fin de preparar a los fieles para la venida de Cristo, cuatro domingos antes de Navidad

Con el comienzo del Adviento, se inicia ese período del año litúrgico que consta de las cuatro semanas que preceden a la Navidad. Este tiempo constituía para la Cristiandad una parte del año especialmente dedicada al recogimiento, a una discreta compunción y a la esperanza palpitante del gran júbilo que el nacimiento del Mesías traerá. Todos se preparaban así para acoger al Niño Dios, que en el virginal sagrario materno, se acercaba cada día más del bendito momento en que iniciaría su convivencia salvífica con los hombres.

En esa atmósfera densa y vivamente religiosa, la tónica se iba gradualmente modificando. A medida que nos acercábamos a la noche entre todas sagrada, la compunción iba cediendo lugar a la alegría. Hasta el momento en que, en las pompas festivas de las celebraciones litúrgicas navideñas, las familias, los pueblos, las naciones se sentían ungidas por el júbilo sacral descendido desde lo más alto de los Cielos, y en cada ciudad, en cada hogar, en el interior de cada alma se difundía como un bálsamo de aroma celestial, la impresión de que el Príncipe de Paz, el Dios Fuerte, el León de Judá, el Emmanuel, una vez más acababa de nacer. Aquello que tan bien expresa el villancico “Stille Nacht, Heilige Nacht”

De toda esta preparación, ¿qué quedó? ¿Quién piensa en el Adviento, salvo una minoría ínfima? Y dentro de esa pequeña minoría, ¿cuántos lo hacen bajo la influencia de la teología católica verdadera y tradicional, y no de las teologías ambiguas y desvariadas que sacuden hoy en día, como si fuesen convulsiones febriles, el mundo cristiano?

Pero dejemos esta minoría, y pensemos en las multitudes que se agitan en las grandes ciudades. Para ellas, el Adviento pura y simplemente no se recuerda. Las prisas de la vida cotidiana continúan, agravadas por la perspectiva de tener gastos que enfrentar, regalos que enviar, visitas para hacer y fiestas para organizar. En resumen, todo el mundo se va aproximando a la Navidad, no como de una fecha para la que uno camina con esperanza, sino como a un día afanoso, dispendioso, y bajo algunos aspectos, incluso complicado, que se tendrá la alegría de “dejar atrás”.

Levantemos sin embargo nuestros corazones, quizá también un poco entumecidos, para rescatar algo del auténtico espíritu de preparación para la Navidad. Conozcamos algo más sobre alguna de las tradiciones más importantes en este tiempo. (1)

La Corona de Adviento, símbolo de la Navidad

Quiere la tradición que se monte una corona de ramas de pino, o similar, adornada con flores, frutas, bolas, cintas y -lo más importante- cuatro velas.

Esta “Corona de Adviento” (Adviento significa “venida” o ” llegada”), fue instituida por el Papa San Gregorio I el Grande, con el fin de preparar a los fieles para la venida de Cristo, cuatro domingos antes de Navidad.

La corona está formada por diversos símbolos:

La forma circular de la corona: El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios, que es eterno, sin principio ni fin. También, representa nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.

Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida. Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.

Las cuatro velas: Simbolizan la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando, poco a poco, una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se han ido iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo.

Debemos vivir las tradiciones y costumbres navideñas con su significado interior y no sólo el exterior para preparar nuestro corazón para el nacimiento de Jesús

Son cuatro velas las que se ponen en la corona. Se encienden de una en una, durante los cuatro domingos de Adviento, al hacer la oración en familia. Se acostumbra usar diferentes colores: una morada, una roja, una rosa y una blanca. Hay quienes acostumbran poner tres velas moradas y una rosa o blanca. Se encienden primero las moradas que nos recuerdan que es tiempo de penitencia, de conversión. La blanca o rosa significa la alegría de la llegada de Jesucristo.

Las manzanas rojas que adornan la corona: Representan el fruto del jardín del Edén con el que Adán y Eva trajeron el pecado al mundo. Pero, también trajeron también la promesa del más grande Salvador.

El listón rojo: Representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.

Algo que Ud. no debe olvidar

Debemos vivir las tradiciones y costumbres navideñas con su significado interior y no sólo el exterior para preparar nuestro corazón para el nacimiento de Jesús.

La Corona de Adviento: nos prepara durante los cuatro domingos que anteceden la Noche Buena. (2)

(1) Extraído y adaptado de No “crepúsculo” do Sol de Justiça por Plinio Corrêa de Oliveira, in  Folha de S. Paulo, 1 de enero de 1979

(2) Extraído y adaptado de La Navidad y sus Tradiciones – Tere Fernández, in catholic.net

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01/12/2016 | Por | Categoría: Fiestas religiosas
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