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La alegría de nacer (Podcast)

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En el orden natural, no puede haber nada más feliz, nada más importante, nada más sagrado, que el día del nacimiento de una persona.

Tanto esto es así que, cuando una madre tiene a su hijo, se dice que ella dio a luz. Por eso los conceptos de vida, luz, alegría, son todos armónicos y consonantes con el nacimiento de cualquier niño.

El aniversario del abuelo

Ud. ya debe haber oído y cantado esta música muchas veces en sus cumpleaños y en los de sus seres queridos. Muy probablemente la cantó sentado a la mesa frente a una torta con las velitas prendidas, indicando los muchos o pocos años del cumpleañero.

Ud. debe haber notado que en estas ocasiones hasta las personas más taciturnas se ponen contentas cantando el “cumpleaños feliz”. Esta música tan característica, en su letra inglesa dice: “happy birthday to you”; lo que traduciendo literalmente quiere decir, “feliz día de su nacimiento”.

En realidad, en el orden natural, no puede haber nada más feliz, nada más importante, nada más sagrado, que el día del nacimiento de una persona.

Tanto esto es así que, cuando una madre tiene a su hijo, se dice que ella dio a luz. También para la madre es la mayor alegría que ella puede tener, pues cumple con el más entrañable deseo de toda mujer: el de ser madre, el de “dar a luz”

Por eso los conceptos de vida, luz, alegría, son todos armónicos y consonantes con el nacimiento de cualquier niño.

Estas consideraciones que son tan naturales y casi se diría obvias, parecen estar siendo puestas en tela de juicio, por recientes anuncios de la presentación de un Proyecto de aborto. Para hacer pasar el proyecto, sus promotores dicen que éste tendrá fines terapéuticos y será acotado sólo a ciertos casos.

Comencemos por definir los términos. Aborto es la acción expresa por la cual alguien pone fin a la vida de un ser en gestación. Terapia, al contrario, es la acción de sanar a alguien aquejado de una enfermedad.

Por lo tanto aborto y terapia o aborto terapéutico son términos contradictorios. El primero es la acción de matar; el segundo es la acción de curar, de aliviar, de prolongar una vida en peligro. Luego no puede haber un aborto terapéutico.

A no ser que se considere que el ser en gestación no es una persona viva con derechos propios y que mientras no nazca no pasa de un mero apéndice de su madre.

Ésta es otra de las falacias a que recurren los abortistas. Para ellos el derecho de poder matar al niño es un derecho anterior y superior al derecho del niño a nacer. A eso lo llaman “derecho de opción” o “derechos sexuales y reproductivos”.

Ahora esta “opción” es nula pues nadie puede arrogarse el derecho de matar, o lo que es lo mismo, derecho de abortar.

La vida es un don dado por Dios, que sólo a El le corresponde dar y quitar. Nadie puede atribuirse esa facultad, a no ser que ella se crea Dios, o lo que es muy parecido, crea que Dios no existe.

Por otra parte, ninguna dificultad de orden económico, psicológico o social puede dar derecho a quitarle la vida a un ser inocente.

Pero, podrá decir alguien influenciado por la mentalidad del aborto: ¿Y si se sabe que ese niño fue fruto de una violación, la madre que es la víctima, no tendrá derecho a acabar con una vida que no quiso recibir?

Respondemos que tampoco en este caso se puede justificar el aborto. Pues un mal no se corrige con otro mal todavía peor, o sea condenando con pena de muerte al niño inocente y a la madre a cargar toda su vida con el peso de conciencia de haberla aprobado.

Sin duda la madre merece toda nuestra compasión por el trauma de que fue víctima, pero precisamente por eso no debemos agregar una segunda violencia a la primera que sufrió y presionarla a que practique un acto inmoral que va a dejarla todavía más traumatizada.

Sin contar que la excepción de aborto por violación en muchos países abrió el camino para que los propios abusadores sexuales de menores forzasen sus víctimas, en general parientes próximas, a abortar para que su crimen no fuese conocido.

Los abortistas no tienen verdadera compasión por las niñas o mujeres que son violadas. Ellos apenas se sirven de ese drama para abrir una brecha en la ley que después puedan ensanchar. Castigar con pena de muerte al más inocente de los seres, en los casos de violación, es una actitud que se parece a la hipocresía de los fariseos.

Otros alegan que, si se sabe que el niño nacerá enfermo, con síndrome de Down o una malformación genética, es mejor abortarlo para que no tenga una mala “calidad de vida”.te

Estas pseudo “justificaciones” de los abortistas nos hacen recordar las doctrinas nazis de Hitler. En ese negro período de la historia de Alemania, el aborto forzado fue una práctica impuesta a sectores de la sociedad que se consideraban indeseables o inferiores.

Con los mismos argumentos, los nazis fueron el primer gobierno de Occidente que aprobó una ley de eutanasia, o sea la matanza de personas ancianas o enfermas terminales, que según su lógica totalitaria, eran improductivas y constituían un lastre para el Estado.

Esto es precisamente lo que el Papa Juan Pablo II llamaba, “la cultura de la muerte”. Se mata cuando el ser está en gestación porque incomoda y se mata cuando la persona está envejeciendo pues no produce y sufre. En definitiva, sólo sirven para vivir las personas sanas, jóvenes y ricas.

Sí, decimos ricos, pues hay un Senador, cuyo nombre preferimos omitir, que promueve el aborto diciendo que los pobres tienen hijos que no pueden educar y que por eso terminan siendo delincuentes. Así, según él, para evitar los asaltos hay que promover el aborto de los pobres. O sea aplicarles la pena de muerte preventiva porque ya se los presume culpables de sus futuros delitos.

Pero, dirá algún abortista, en caso de peligro de vida de la madre, ¿ahí no sería justificable matar al niño?

Respondemos que tampoco es justificable en ese caso, por lo demás casi inexistente, gracias a los avances de la medicina. Porque nunca es lícito practicar una acción mala –abortar- para alcanzar un fin bueno –salvar la vida de la madre. Lo contrario sería aceptar el principio de Maquiavelo que el fin justifica los medios.

Lo que sí se puede hacer –y para lo cual no se necesita ley de aborto, pues ya se practica en todos los hospitales públicos y privados del País- es salvar a la madre con medios terapéuticos que pueden traer como consecuencia segunda, y no deseada ni buscada, la muerte del feto.

Sin embargo, incluso en estos casos, la madre puede preferir que se salve al hijo en vez de su propia vida. Fue el caso de Gianna Berreta Molla, joven madre italiana canonizada en 2004 por la Iglesia, precisamente por su gesto heroico en defensa de la vida de su hija en gestación. Siendo médica, y sufriendo un cáncer, ella prefirió no someterse a una histerectomía que acarrearía la muerte de la hija que llevaba en su seno, muriendo 7 días después del parto.

Un dato estadístico para terminar. El Dr. Elard Koch director del Instituto de Epidemiología Molecular en la Universidad Católica de la Santísima Concepción y profesor asistente e investigador en el Departamento de Medicina Familiar de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, demostró que la mortalidad materna global después de la prohibición del aborto en1989, continuó reduciéndose (hasta en un 94%) y que la mortalidad materna exclusivamente por aborto se redujo, desde entonces, en un 99%. Según él, la principal conclusión es que el status legal del aborto tiene un efecto nulo en cuanto a la mortalidad materna.

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22/05/2014 | Por | Categoría: Aborto
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