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Armonía entre el orden espiritual y el orden temporal

El hábitat natural del hombre es la sociedad temporal. Sería sorprendente que el hombre fuese puesto en la sociedad temporal y que ésta no tuviese una relación con la salvación de las almas.

La mayor parte de los hombres viven en la sociedad temporal, pertenecen a la sociedad temporal y todo lo que se relaciona con la sociedad temporal es el tema normal de sus pensamientos

Plinio Corrêa de Oliveira definió la finalidad más alta de la TFP [1] como la búsqueda de la máxima gloria de Dios.

Esa máxima gloria de Dios se alcanza de modo más pleno a través de la gloria dada a Nuestra Señora, quien atribuye todo a Dios de modo perfectísimo.

¿En qué consiste entonces la gloria de María en la Tierra? En su aspecto positivo, consiste en hacer el bien. En su aspecto negativo, cohibir el mal.

Ese mal, como hemos visto, se resume en una palabra: la Revolución. La Revolución es un proceso multisecular de destrucción de la Civilización Cristiana y, a través de ello, aislar a los fieles de la influencia de la Iglesia.

De eso se deriva que para la formación religiosa y aún para la santificación de los miembros de la TFP (y de cualquier seglar) es necesario que ellos tengan un pensamiento bien ordenado en materia temporal. A pesar de que las verdades de la Fe son más augustas, más indispensables a la salvación que los principios que rigen el orden temporal, nuestra atención como luchadores debe estar sobre todo en el campo temporal. Así se sirve a la Iglesia.

La Iglesia es una sociedad sobrenatural. Ella es el Cuerpo Místico de Nuestro Señor Jesucristo. Ella fue instituida para salvar a los hombres y de Ella emana una enseñanza infalible en lo que respecta a la salvación eterna, a los mandamientos y a los principios que de ellos se deducen para la ordenación de la sociedad humana.

El hombre, sin embargo, vive en la sociedad temporal

La mayor parte de los hombres viven en la sociedad temporal, pertenecen a la sociedad temporal y todo lo que se relaciona con la sociedad temporal es el tema normal de sus pensamientos.

Puesto en la sociedad temporal, por una misericordia inefable, el hombre fue elevado por Dios al orden espiritual. Hay entonces una especie de sacrosanto hibridismo en el cual lo que representa nuestra plenitud natural es algo menor que aquello a lo que estamos destinados.

Sería sorprendente que el hombre fuese puesto en la sociedad temporal y que ésta no tuviese una relación con la salvación de las almas

El hábitat natural del hombre es, por lo tanto, la sociedad temporal y en ella su espíritu encuentra la materia prima para elevarse a las cosas espirituales.

“El sacerdote -decía con admiración el doctor Plinio- hace al fiel: él lo bautiza, le enseña, lo forma, le da los principios, lo confiesa, la da la Comunión, organiza asociaciones que ayudan al seglar. El es el alma de todo eso. Si quitamos al sacerdote, los laicos mueren de inanición”. Pero el laico va a encontrar, en la lucha para preservar, utilizar y tornar fecundo lo que el sacerdote le dio dificultades nacidas en la sociedad temporal. El peligro está, por lo tanto, en la sociedad temporal.

Sería sorprendente que el hombre fuese puesto en la sociedad temporal y que ésta no tuviese una relación con la salvación de las almas.

Aunque la sociedad temporal sea perfecta en su ámbito, ella existe para el servicio de Dios y, por lo tanto, para el servicio de la Iglesia. Subordinada a la Iglesia, en su poder de enseñar, gobernar y santificar, ella tiene una misión que concurre de modo positivo y eficiente para la salvación de las almas.

La sociedad civil bien ordenada es un símbolo de Dios y del orden puesto por Dios en el Universo. A partir de la reflexión sobre las cosas temporales, el hombre sube al orden metafísico y después al religioso

El hombre tiene delante de sí una realidad temporal con desigualdades: el grande y el pequeño, el rico y el pobre. Viendo esto se hace una pregunta: ¿qué significa esto? A partir de esa pregunta, él reflexiona sobre la desigualdad y, a partir de allí, llega en su reflexión hasta Dios. Así, reflexionando sobre la realidad temporal, es convidado a subir a un orden metafísico y, después, al orden religioso.

La sociedad civil bien ordenada es un símbolo de Dios y del orden puesto por Dios en el Universo

Todo lo que nos cerca en el orden temporal, cuando está bien ordenado, es imagen de Dios; cuando desordenado, es imagen del demonio, el ser desordenado por excelencia. Admirando las imágenes de Dios en esta Tierra, el hombre conforma su alma con Dios; aceptando las imágenes del demonio, él deforma su alma de acuerdo al demonio.

Nuestro Divino Salvador enseñó usando parábolas, con imágenes estrictamente temporales: “Mirad a los lirios del campo…” de este modo, sirviéndose de ejemplos de la vida temporal, llevaba a los hombres a la comprensión de las realidades de orden espiritual.

El doctor Plinio enseñaba que la verdadera formación religiosa no puede ser sólo sobre religión, ni puede limitarse a un curso de catecismo, por más desarrollado que sea. Es necesaria una visión recta de todas las cosas temporales. Cuando la persona no ordena su visión temporal de acuerdo con la visión espiritual, acaba colocando la visión espiritual de acuerdo con la temporal. Así, con un lado de la nariz él respira la ortodoxia de la clase de catecismo y, con el otro, respira la heterodoxia viviendo en la sociedad civil. La mezcla de aire puro con aire envenenado termina envenenando a la persona.

Vocación de los seglares: sacralizar el orden temporal

La cuestión específica de la TFP -insistía el doctor Plinio- es considerar el orden temporal como un elemento fundamental para la formación de las almas y luchar para que ese orden, en todos sus aspectos, sea profundamente católico. De ahí viene el esfuerzo continuado de la TFP para que la cultura, el arte, los ambientes, etc., ayuden a crear un clima propicio para que las personas aprovechen las clases de catecismo.

El hombre de la sociedad temporal cae en el error de pensar que la contemplación es sólo para el hombre de iglesia

En otras palabras, la TFP quiere que el orden temporal sea como una víctima de agradable olor delante de Dios. Se trata de una vocación de seglares: “nosotros no tenemos las manos consagradas que tocan el Santísimo. Tenemos las manos que ordenan el turíbulo y hacen que suba el aroma que envuelve el ostensorio, envuelve el altar, llena de perfume la iglesia. Ésa es nuestra tarea. Es por amor al ostensorio que movemos el turíbulo”.

El hombre de la sociedad temporal cae en el error de pensar que la contemplación es sólo para el hombre de iglesia y que el sólo debe producir dinero y consumir. Es necesario dar al hombre de la sociedad civil esta lección: “usted tiene que ser antes de todo un contemplativo”. Y después decir respetuosamente al eclesiástico: “comprenda que no basta su esfera eclesiástica; forme a los hombres para que entiendan bien la esfera civil, porque la esfera eclesiástica no es suficiente para formar al hombre completo”.

La batalla se da en la sociedad temporal

En el momento histórico en que vivimos, la principal ofensiva contra Iglesia viene siendo hecha a partir del orden temporal. Muchos sectores eclesiásticos fueron infectados por una especie de complejo de inferioridad frente al orden temporal, por el progreso que el orden temporal alcanzaba y el esplendor que tenía. Así, se procuró conformar y adaptar la Iglesia, sus modos de ser y de vivir con los de la sociedad civil. Es decir, con el liberalismo que iba moldeando a la sociedad civil.

La Providencia quiso que el ambiente de una familia, de una sociedad cultural, profesional, recreativa, etc., ejerciera sobre el hombre una influencia natural profunda

De manera que el liberalismo, principal vehículo de la Revolución, entra en la iglesia por medio de una consideración falseada de los asuntos temporales y los problemas de la sociedad civil.

Es necesario, entonces, que el remedio sea aplicado donde entró el mal. Es necesario restaurar en el espíritu de los fieles la noción exacta del papel de la sociedad temporal como compañera de trayecto -compañera y sierva- de la sociedad espiritual.

Armonía entre el orden espiritual y el orden temporal

El exclusivismo, tanto por temas espirituales como por los temporales, es una posición de alma equivocada. Ambas deben colaborar para la realización de los designios de la Providencia, cada cual en su papel. Esa armonía entre los dos órdenes es esencial a toda concepción católica verdadera de Iglesia y de la Civilización Cristiana.

Una vez el doctor Plinio afirmó: “si alguien tuviese una concepción así: ‘salvaré a las almas de mi parroquia, el resto no importa’. Yo diría: ‘en esto no existe resto, porque todas las otras cosas existen para el bien de las almas, y si las almas no se salvan, no se consigue nada’. Por otro lado, un pastor de almas que procurase sobre todo ordenar las cosas de esta Tierra estaría también equivocado”. Este último desvío fue más claro en la llamada “Teología de la Liberación”.

Cristiandad – supremacía de lo espiritual y sacralidad

Dada esta interpenetración profunda de ambos campos, deseada por la Providencia, sería absurdo suponer que Dios no quisiese una cooperación entre la sociedad temporal y la Iglesia.

Es necesario restaurar en el espíritu de los fieles la noción exacta del papel de la sociedad temporal como compañera de trayecto de la sociedad espiritual.

La sociedad temporal, tanto cuando la familia a su modo, tiene una función de apostolado a ejercer en la propia esfera temporal, bajo la inspiración y el Magisterio de la Iglesia.

La Providencia quiso que el ambiente de una familia, de una sociedad cultural, profesional, recreativa o de cualquier otra índole, el ambiente de una ciudad, de un país, ejerciera sobre el hombre una influencia natural profunda. Es claro que con la ayuda de la gracia la persona se puede liberar de las influencias malas pero, en todo caso, ella influye poderosamente en su espíritu.

Noción de sociedad temporal sacral

La sociedad temporal, querida por Dios y ordenada por El, realizando en sí misma una obra que es de santificación, es una sociedad santa y tiene una función sagrada. Ella permanece como una sociedad enteramente natural, como la familia, pero influida a fondo por la vida sobrenatural de sus miembros.

Mario Navarro da Costa, in “Plinio Corrêa de Oliveira, dez anos depois”, Sao Paulo, 2005 (Traducción del portugués nuestra).

 

[1] Plinio Corrêa de Oliveira fue el gran inspirador de las diversas TFP: Sociedades de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad, y de muchas organizaciones hermanas.

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04/03/2016 | Por | Categoría: Formación Católica

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