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Los malos sacerdotes son el mayor castigo con que Dios aflige al pueblo

Verdades Olvidadas

San Antonio María Claret

El mayor y mas terrible de los azotes que Dios envía á un pueblo, es darle malos sacerdotes

¿Quién, pues, no agradecerá á Dios tanto bien, y no dará á los sacerdotes, por ser de él dispensadores, todo el honor y reverencia debida? Respétalos tú, hijo mío, y venéralos, ya porque así lo exige su dignidad de representantes de Jesucristo, ya porque esta es la voluntad de nuestro Redentor, el cual refiriéndose á los Apóstoles y discípulos, y á sus sucesores los sacerdotes, dijo: El que os desprecia, á mi me desprecia; y finalmente por, la grande utilidad que de ellos reporta el bien público por su ministerio de oración, sacrificios, predicación y administración de Sacramentos  como te he explicado.

Si supieres u oyeres tal vez que algún sacerdote ha caído en alguna miseria o fragilidad, ni te admires ni te escandalices de ello; pues que así como entre los primeros sacerdotes, los Apóstoles, hubo un Judas, no es de extrañar que también entre los de nuestros días haya quien se olvide de que debe ser santo; porque el ser sacerdote no quita á nadie el ser descendiente de Adán, y como tal, sujeto á las mismas miserias y fragilidades que los demás hombres. Pero entiende, que porque uno sea malo, no se sigue que lo sean todos los demás; y aun con respecto al malo, quiero también que sepas, que has de compadecerte de la fragilidad que ha tenido como hombre, y venerar la dignidad sacerdotal que en él ha marcado Cristo. Si ves colocado al frente de un pueblo á un mal sacerdote, has de afligirte, temer y pensar que quizás nuestros pecados han merecido tan horrendo castigo; pues que la sagrada Escritura nos enseña, que el mayor y mas terrible de los azotes que Dios envía á un pueblo, es darle malos sacerdotes.

Cuando la ira del Señor aun no ha llegado á su colmo, permite que las naciones se armen unas contra otras, que queden estériles los campos, que el hambre, la desolación y la muerte ejerzan su dominio sobre la tierra; pero cuando su justa indignación llega al exceso, envía el último y mas atroz de sus castigos, permitiendo que ministros infieles, sacerdotes manchados, pastores escandalosos se coloquen entre los hombres. Entonces se verifica que las abominaciones del pueblo son causa de los malos sacerdotes, y los malos sacerdotes son el mayor castigo con que Dios aflige al pueblo.

Para evitar estos daños tan terribles, la Iglesia, celosa siempre del bien de los pueblos y del decoro ilustre de los ministros del altar, ha establecido como ley doce ayunos al año, tres en cada principio de las cuatro estaciones , que llamamos Témporas, que son el tiempo señalado para la ordenación de sacerdotes , con los que obliga á todos los fieles á que con ella supliquen al Señor que no nos castigue con darnos malos sacerdotes, antes bien, compadecido de nuestras miserias, nos envíe ministros dignos y pastores celosos que nos guíen por el desierto de este mundo, hasta llegar con felicidad á la tierra de promisión, á la eterna gloria. Amen.

Catecismo de la Doctrina Cristiana, explicado y adaptado á la capacidad de los niños, por el Excmo. é Illmo. Sr. D. Antonio (María) Claret, Arzobispo de Trajanópolis in part. inf., DÉCIMA SÉPTIMA EDICIÓN, BARCELONA, LIBRERÍA RELIGIOSA, 1865, Págs. 388-390:

 

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18/07/2017 | Por | Categoría: Destacados, Verdades Olvidadas
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Un comentario to “Los malos sacerdotes son el mayor castigo con que Dios aflige al pueblo”

  1. Gerardo García dice:

    Una plaga que padecemos en España es la de los “sacerdotes fracasados”, también llamados “curas casados”, que la ignorancia y confusión de la gente hace que les llamen “ex-curas”, cosa que a muchos de ellos les gusta para así disimular su modo de actuar.
    Conozco a sacerdotes secularizados y que han contraído matrimonio que siguen viviendo su fe y colaborando con la Iglesia sin entrar en discusiones sobre su estado, aceptándolo porque son conscientes de que no han podido cumplir con una de las condiciones que aceptaron para llevar adelante lo que ellos creyeron que era su vocación, y lo hacen sin ningún complejo de fracaso porque, en realidad, no han fracasado, solamente en un momento de su vida han cambiado de camino.
    El problema viene de aquellos que aparecen en los reportajes que se titulan como “la terrible situación de los curas casados” o de manera similar. No son capaces de resignarse al cambio y se sienten acomplejados, tratando de justificar su nueva situación echando la culpa a la Iglesia, su Santa Madre que en ese momento de tribulación no les abandona, más aún, les consigue unos medios de supervivencia que ya los quisieran los sacerdotes que siguen cumpliendo. Pero ellos no se sienten satisfechos y su complejo de fracaso, porque son unos acomplejados, tratan de echar las culpas de ese fracaso, que es en realidad su caso, a los demás y que han de ser los demás los que han de cambiar para que así no se note su fracaso.

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