Comparta

El amor a lo bello, un importante deber de formación de los padres

Hay un aspecto fundamental de la educación, que consiste en la necesidad de formar en la admiración de la belleza y de las cosas bonitas.

Muchos juguetes modernos parecen más destinados a acostumbrar a los niños a lo monstruoso

Siempre se ha entendido que el principal deber de los padres consiste principalmente en transmitirles a sus hijos la necesidad de practicar el bien, y de ser veraces. O sea, que ellos sean buenos y que no mientan.

Tal idea no es falsa, sin embargo, ella no es completa. Falta uno de los tres aspectos fundamentales de la formación íntegra de un niño y éste consiste en el amor a la belleza.

Alguien podrá pensar que ya basta con enseñarles a decir la verdad y a ser buenos. Y que eso ya es bastante difícil. Que esto de amar la belleza, es una mera cosa estética, y que por lo tanto no debe ser incluido en los aspectos principales de la educación.

Sin embargo la realidad no es esa. La admiración por la belleza es tan importante para la formación de un niño como la necesidad de inculcarles la práctica del bien y de la verdad.

¿Pero qué es lo que entendemos por belleza?: El gran santo y Doctor de la Iglesia, Tomás de Aquino la define como “el esplendor de la verdad”.

Es decir cuando algo no sólo es verdadero y bueno, sino que además posee estas cualidades de modo sobresaliente, decimos que eso es bello.

Por ejemplo, se dice que una persona hizo un bello gesto, cuando él realizó de forma muy generosa una acción de valentía o de generosidad.

Al contrario, cuando le decimos al niño que no mienta, o que no le pegue a su hermana pequeña, se le dice que eso es feo y él entiende que si es feo, es malo.

Ahora, de las tres cualidades del ser: la bondad, la veracidad y la belleza, la que más atrae al hombre es precisamente esta última. Y de ahí su importancia fundamental en la educación de un niño, de una familia o de una sociedad.

Hacer el bien y ser veraz nos cuesta esfuerzo. Sin embargo, dejarnos atraer por las cosas bonitas es innato. De ahí que la formación de la admiración por aquello que es superior sea tan importante en la niñez.

Ya desde los primeros momentos de la existencia, inclusive antes de conocer lo que es bueno o malo, al niño le gusta de lo que es bonito. El cascabel con el que juega, el ruido que hace, el color que tiene, todo eso le encanta porque lo encuentra instintivamente parecido al orden que existe en él.

Algunos juguetes llegaban a ser casi una obra de arte

Más tarde, cuando el niño comienza a pronunciar las primeras palabras, él tratará de aprenderlas de modo que ellas sean iguales a las que oye, es decir veraces; y si más tarde, el padre lo corrige por haber dicho una palabra “fea”, él entenderá que es algo que no se debe decir.

Todos los sentidos nos informan de lo que es bello o al contrario, de lo que es feo. Una bonita vista, o un buen aroma, un sabroso plato, o un suave tejido, los identificamos con el bien, lo veraz y lo bello y ellos nos atraen.

Por ejemplo, decimos que una persona habla de modo bello, cuando no sólo utiliza las palabras propias para expresar sus ideas, sino además las usa de un modo noble y elevado. Al contrario, el uso vulgar y grosero en el hablar, lo catalogamos como una forma fea de expresarse.

Con todo lo que el niño consume en la TV, son precisamente ejemplos que no coinciden con lo bello ni lo bueno.

La belleza en un soldado de plomo

Así el niño va disociando a la belleza del bien y de la verdad, y va perdiendo el gusto innato de admirar lo bonito.

De ahí a gustar de lo feo hay sólo un paso. Y cuando él comienza a gustar de lo feo, la consecuencia es que inmediatamente la bondad y la veracidad se le hacen muy difíciles de practicar.

Pues, en consecuencia del orden que existe en el alma humana, cuando se expulsa a una de las cualidades de la propia naturaleza humana, ya sea la belleza, la bondad o la veracidad, las otras dos no tardan en salir.

Por eso la importancia de formar a los niños en la admiración permanente por lo bonito, por lo elevado, por lo noble. Y al mismo tiempo, la necesidad de prevenirlo contra lo sucio, lo horrendo y lo vulgar.

Éste es un aspecto de la educación de sus hijos para la cual se debe poner una especial atención, más tarde los hijos lo agradecerán.

Ellos podrán más fácilmente comprender y amar la belleza increada, que es Dios, por medio de la admiración de las mil bellezas que El puso en todos los seres que nos rodean, justamente para atraernos hacia Él y así comunicarnos sus perfecciones.

Al contrario, el culto a lo horrendo que se nos ofrece en todas las formas y modos, es una forma de impedirnos el amor de Dios y de ahí su suprema malignidad.

Esto se observa, por ejemplo, por el gran número de juguetes que representan personajes horrorosos, pérfidos y asustadores, con los cuales los niños se van acostumbrando a la fealdad y a la maldad, que después serán tentados a practicar.

Se observa también con los panoramas y ambientes degradados de nuestras ciudades por grafittis sucios, groseros y malévolos, que dan una idea de lo que será una sociedad gobernada por quienes aman lo horrible y detestan lo hermoso, como quien se prepara para un mundo subhumano y en el fondo infernal.

Contra eso también los padres deben advertir a sus hijos, para que siempre en sus vidas tengan horror a lo horrible y gusto por lo bonito, que es el modo de prepararse para el Cielo, donde encontraremos a la Belleza absoluta que es Dios.

Print Friendly, PDF & Email
09/05/2017 | Por | Categoría: Destacados, Familia tradicional
Tags: , , , , , ,

Deje su comentario