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Las tres fases de la Revolución

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La explosión protestante, la Revolución Francesa y la Revolución Comunista constituyen tres fases de un movimiento inmenso: uno por su espíritu, por sus objetivos y por sus métodos.

Como en sucesivas oportunidades hemos expuesto en «Catolicismo»,[1] la explosión protestante del siglo XVI, la Revolución Francesa, la Revolución Comunista constituyen algo como tres fases de un movimiento inmenso, uno por el espíritu, por los objetivos y hasta por los métodos.

Máscara mortuoria de Lutero de Lucas Furtenagel
Lutero muerto, cuadro de Lucas Furtenagel

En la fisonomía de tres de sus líderes, la sección «Ambientes, Costumbres, Civilizaciones» tratamos de ver hoy algunos de los trazos de alma de este movimiento, es decir, algo del espíritu de la Revolución.

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Lutero

En la foto de Lutero muerto (cuadro de Lucas Furtenagel, Biblioteca de la Universidad de Leipzig) un análisis detallado revela, en la grosería de los rasgos, la nota característica del demagogo lleno de sí mismo; del alborotador cuya predica tantos errores y tanta rebelión difundió, y tanta sangre hizo derramar. Pero la primera impresión que sobresale inmediatamente, y se convierte en definitiva en el espíritu del observador, es la sensualidad, el amor excesivo de los regalos de todo tipo, que produce a primera vista una sensación dolorosa.

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Robespierre
Robespierre, máscara mortuoria

En Robespierre, cuya máscara mortuoria se conserva en el Museo Tussaud reproducida aquí, lo que se expresa es principalmente el odio. Un odio tan profundo, tan avasallador, que, sin haber abolido la sensualidad, es la nota dominante de su fisonomía. Esos labios cerrados para siempre parecen sin embargo destilar algo de la predicación de la violencia y muerte de la era el Terror. Esos ojos que ya no ven parecen conservar una expresión de odio viperino. La frente abovedada da la sensación que todavía está rumiando piezas oratorias incendiarias y planes de subversión. Todo él no es sino odio igualitario, tanto en el plan especulativo como en el militante: un deseo inmenso de destruir todo lo que, por cualquier razón, sea superior a él.

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«Che» Guevara

La tercera fotografía presenta a Ernesto «Che» Guevara, el argentino trasplantado a Cuba, que expresa tan auténticamente el cuño marxista de la revolución cubana.

Ernesto «Che» Guevara

Los cabellos, que parecen no haber sido cortados ni lavados desde hace mucho tiempo; un bigote ralo y deshilachado, cuyos extremos acaban uniéndose con una barba de contornos inciertos, formando un sólo marco de desaliño y desorden, que producen una repulsión instintiva, pero que buscan despertar una impresión de naturalidad y de falta de pretensión extremadas.

Por su parte, la mirada, de un brillo inusual, y la sonrisa buscan dar una cierta idea de cordialidad y amabilidad un tanto mística.

Este hombre de apariencia dulce es uno de los soportes del régimen del «paredón», donde tantas víctimas han sido cruelmente inmoladas; del régimen que mueve contra la Iglesia una persecución enteramente del estilo de Robespierre o de Lenin.

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Si la fisonomía de Lutero expresa sobre todo la avidez de los placeres del cuerpo, y la de Robespierre sobre todo el odio igualitario, la del «Che» Guevara representa una de las máscaras más recientes de la revolución, es decir, la bondad falsa ocultando la peor de las violencias.

Plinio Corrêa de Oliveira, in «Catolicismo» Nº 121 – enero 1961

[1] El valor perenne del pensamiento contenido en este artículo de 1961 nos lleva a publicarlo, aunque algunas referencias se refieran a la época. La descripción completa del proceso revolucionario se encuentra en Revolución y Contra-Revolución (Bajar la versión gratuita de la obra)

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27/01/2024 | Por | Categoría: Ambientes Costumbres
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