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Amar su profesión hasta convertirla en un arte

En una ocasión un amigo me dijo que estaba trabajando en el Ministerio de Hacienda, y añadió: “pero si me pagan más por ir a limpiar cadáveres… me marcho…”. Realmente aquello me pareció horrible y se me quedó grabado como un ejemplo muy vivo de cómo no se debe ser.

La profesión que se escoge debe tener una relación grande con la persona, y la persona debe ser capaz de amarla e incluso llegar a hacer de ella un verdadero arte. No sé por qué, pero tengo la impresión que esto no se ve mucho en nuestros días. Y sin embargo que necesario sería…

Recuerdo que cuando estuve viviendo en un pueblo de la tranquila campiña francesa, en Ile-de-France, fui algunas veces a la panadería del lugar.

La puerta del establecimiento mostraba una propaganda a modo de dibujo hecho para niños, en que aparecía precisamente un niño que caminaba hacia su casa feliz y contento con el extremo de una “baguette” medio mordisqueada. Abajo estaba escrito “Nous aimons notre métier; c’est probablement pour ça que votre baguette n’arrive pas entière à votre maison” (Amamos nuestra profesión; es probablemente por eso que su pan no llega entero a su casa). Los franceses son famosos por la fabricación de ciertos panes de una calidad fuera de lo común, que hacen que la fabricación del pan –una cosa tan común– pueda llegar a ser un verdadero arte.

Ese saber “amar su profesión” es particularmente importante si se quiere dar lo mejor de sí y con ello honrar a Dios. Había una cancioncita que decía, que un zapaterito cantaba mientras clavaba, y “en cada golpe daba, enterito el corazón”

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08/05/2017 | Por | Categoría: Ambientes Costumbres
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