| Comparta

¿Qué es la libertad?

El hombre contemporáneo piensa que la libertad es hacer lo que pasa por la cabeza, en el momento que apetece. El rechaza cualquier análisis de sus apetencias porque esto quita el gusto de actuar arbitrariamente. La Moral, ni siquiera es considerada.

Esta libertad equivale a la libertad que podría tener un hombre que guiase un automóvil sin volante: para él lo importante es que se siente libre.

¿Dónde irá a parar? No importa.

Este parece el rumbo que van tomando nuestras sociedades.

¿En qué consiste, entonces, la libertad?

El Papa León XIII, en su famosa Encíclica «Libertas Praestantissimum», define la doctrina católica sobre la verdadera libertad.

«Existe el derecho de propagar en la sociedad, con libertad y prudencia, todo lo verdadero y todo lo virtuoso para que pueda participar de las ventajas de la verdad y del bien el mayor número posible de ciudadanos. Pero las opiniones falsas,

San Gregorio
San Gregorio
máxima dolencia mortal del entendimiento humano, y los vicios corruptores del espíritu y de la moral pública deben ser reprimidos por el poder público para impedir su paulatina propagación, dañosa en extremo para la misma sociedad. Los errores de los intelectuales depravados ejercen sobre las masas una verdadera tiranía y deben ser reprimidos por la ley con la misma energía que otro cualquier delito inferido con violencia a los débiles. Esta represión es aún más necesaria, porque la inmensa mayoría de los ciudadanos no puede en modo alguno, o a lo sumo con mucha dificultad, prevenirse contra los artificios del estilo y las sutilezas de la dialéctica sobre todo cuando éstas y aquéllos son utilizados para halagar las pasiones».

«Respecto a la llamada libertad de enseñanza, el juicio que hay que dar es muy parecido. – Solamente la verdad debe penetrar en el entendimiento, porque en la verdad encuentran las naturalezas racionales su bien, su fin y su perfección; por esta razón la doctrina dada tanto a los ignorantes como a los sabios debe tener por objeto exclusivo la verdad, para dirigir a los primeros hacia el conocimiento de la verdad y para conservar a los segundos en la posesión de la verdad. Este es el fundamento de la obligación principal de los que enseñan: – extirpar el error de los entendimientos y bloquear con eficacia el camino a las teorías falsas. Es evidente, por tanto, que la libertad de que tratamos, al pretender arrogarse el derecho de enseñarlo todo a su capricho, está en contradicción flagrante con la razón y tiende por su propia naturaleza a la perversión más completa de los espíritus. El poder público no puede conceder a la sociedad esta libertad de enseñanza sin quebrantar sus propios deberes»

(Encíclica «Libertas Praestantíssimum», B.A.C., Doctrina Pontificia, vol. II, Documentos Políticos, págs. 246-248).

19 nov 2010 | por Acción Familia | Tema: Formación Católica

Inscríbase para recibir nuestra Newsletter

Si le gustó este artículo, recomiéndelo sus amigos

_________________________________________

Tags: , ,

Artículos posiblemente relacionados:
  • Papa: el hombre no es un producto casual de la evolución
  • Informativo 31 – Marzo 2007
  • Pueblo y multitud amorfa: dos conceptos diferentes
  • La agenda pro–homosexual del Presidente Obama
  • Francia rechaza eutanasia y “matrimonio” homosexual
  • 

    2 comentarios
    Escriba su comentario »

    1. Desde Argentina (San Rafael, Provincia de Mendoza):

      Felicitaciones. Escribe un Marista. También de Chile recibo Rifma (Red informativa de la familia marista); excelente.

      Necesitamos este tipo de servicios.

      Que el Señor y María los acompañen.

      Antonio E. Rué

    2. En el fondo: libertad “como instrumento”… y es verdadera cuando se orienta al bien. Falsa pero ejercida cuando se orienta al mal o cuando no se orienta de ninguna manera.

      Pero: ¿Pensamos antes de obrar? No os parece que ahí está parte del problema de nuestro tiempo? Obramos ejerciendo la inteligencia: viendo y ponderando la repercusión de nuestras acciones, el bien que introducen o el mal que evitan?

      Hemos pasado a ejercer más que la libertad, la “espontaneidad”… obramos sin pensar y, además ¡obramos mal!

      Porque “obrar por sentimientos” es reducir al hombre a “obrar por la pasión del momento”… es casi, cuando sólo esa es la norma de obrar, un “obrar animal”.

    Escriba su comentario

    Apreciamos mucho sus comentarios pero, por razones técnicas, agradecemos no extenderse excesivamente.