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La felicidad y los bienes materiales

Desde que el mundo es mundo, la especie humana ha debido luchar por su supervivencia. La necesidad es la condición normal del ser humano, y tratar de satisfacerla, uno de los instintos más fuertemente enraizados. Pero, hoy, algo extraordinario se ha producido en el mundo desarrollado. Por primera vez en la Historia, las sociedades como un todo están confrontadas a problemas no más de penuria, sino de sobreabundancia.

Vivimos, hasta ahora –no sabemos qué modificaciones podrá traer la crisis financiera actual– en una economía de excedentes donde casi todos los sectores de actividad, antiguos y nuevos, sufren de una sobrecapacidad. Hay tantos automóviles en circulación que casi ya no hay espacio para conducirlos. Tenemos tanto para comer que sufrimos de una epidemia de obesidad. Hay tantas cosas para comprar, para ver y para hacer, que no encontramos tiempo para disfrutarlas. Nos entusiasmamos por un momento con el nuevo celular, ipod o ipad, para dejarlo de lado y correr a adquirir el más reciente “avance” tecnológico.

¿Demasiado de todo? Esa era la utopía que nuestros antepasados perseguían, sin gran esperanza de conseguirlo. ¿Entonces, por qué no somos netamente más felices?

De hecho, las “encuestas sobre la felicidad” realizadas hace algún tiempo en Estados Unidos, Gran Bretaña y en Europa continental muestran que el nivel de felicidad frecuentemente ha disminuido en el curso los 30 últimos años.

El verdadero y permanente problema del hombre es pensar que encontrará su felicidad en los bienes materiales.

“Ad majora natus sumus”. Hemos nacido para cosas mayores.

San Agustín, en sus célebres Confesiones, dice dirigiéndose a Dios: “Nos criasteis para Vos, y está inquieto nuestro corazón hasta que descanse en Vos”.

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29/11/2016 | Por | Categoría: Formación Católica
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Un comentario to “La felicidad y los bienes materiales”

  1. María de la Luz Alvarez dice:

    No sé cómo el hombre no se ha dado cuenta que los bienes materiales no llenan el alma. Se necesita otra cosa que es darse cuenta que también somos espíritu y esa alma necesita otro alimento para sentirse plena, aunque esa plenitud no la alcanzaremos en esta tierra, pero si la buscamos será más fácil encontrarla cuando nos vayamos de este mundo. Los bienes materiales son necesarios en la medida que aporten lo mínimo. La sobriedad es lo recomendable y así no se vivirá en función del tener.

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