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La catedral y la armonía social

Notre Dame de Paris
Notre Dame de Paris
En la agitación de los alocados días en que vivimos, hagamos una pausa. Olvidemos por algunos minutos el trabajo, las preocupaciones que nos asaltan, y hagamos una visita a una catedral medieval.

La bellísima página que a continuación transcribimos de Émile Mâle, un historiador francés de gran envergadura, especializado en historia del arte se presenta como un bálsamo para las heridas que en nuestras almas abrió esta época en la cual vivimos. El nos habla de la catedral medieval, especialmente de la del siglo XIII, en Francia. Tenemos la impresión de estar leyendo un poema que hace volar nuestro espíritu lejos de las maldiciones de este siglo: los horrores de la lucha de clases, el desvarío a que se llegó a propósito de los llamados derechos humanos, las envidias,
los escándalos que se amontonan, las perversiones morales, el terrorismo, la continua inseguridad y todo lo demás. En fin dejamos con la palabra al célebre autor (*) Dispensamos las comillas, pues sólo los títulos son nuestros.

En la catedral entera se siente la certeza de la fe; en ningún lugar la duda. Esta impresión de serenidad, la catedral todavía hoy nos la transmite, por poco que queramos prestar atención.

Olvidemos por un momento nuestras inquietudes, nuestros problemas. Vamos a ella. De lejos, con sus transeptos, sus agujas y sus torres, ella nos parece una nave poderosa partiendo para un largo viaje. Toda la ciudad puede embarcar sin temor en sus robustos flancos.

Jesucristo es el centro de la Historia

Aproximémonos.

Portico de Notre Dame de Paris
Portico de Notre Dame de Paris
En el pórtico encontramos enseguida a Jesucristo, como lo encuentra todo hombre que viene a este  mundo. El es la clave del enigma de la vida. En torno a El, está escrita la respuesta a todas nuestras preguntas. Nos enseña como el mundo comenzó y como terminará; las estatuas, de las cuales cada una es símbolo de una edad del mundo, nos dan la medida de su duración. Todos los hombres cuya historia nos importa conocer los tenemos ante los ojos “son aquellos que en la Antigua o en la nueva Ley fueron símbolos de Jesucristo” pues los hombres sólo existen en la medida en que participan de la naturaleza del Salvador. Los otros “reyes, conquistadores, filósofos” son sólo sombras vanas. Así el mundo y la historia del mundo se nos tornan claros.

Pero nuestra propia historia viene escrita al lado de la historia de ese vasto universo. Allí aprendemos que nuestra vida debe ser un combate: lucha contra la naturaleza en cada estación del año, lucha contra nosotros mismos a cada instante, eterna psicomaquia ([1]). A aquellos que combatieron bien, los ángeles les extienden coronas desde lo alto de los Cielos.

¿Hay lugar aquí para una duda o para una mera perturbación del espíritu?

La atmósfera de la catedral purifica.
Catedral de Amiens
Catedral de Amiens
Penetremos en la catedral. La sublimidad de las grandes líneas verticales actúa desde el primer momento sobre el alma. Es imposible entrar en la gran nave de Amiens sin sentirse purificado. Unicamente por su belleza ella actúa como un sacramento. Allí también encontramos un espejo del mundo. Ella tiene su atmósfera como la planicie; como el bosque, su perfume, su luz, su claroscuro, sus sombras. [...] Pero es un mundo transfigurado, en el cual la luz es más brillante que la de la realidad, y en el cual las sombras son más misteriosas. Nos sentimos en el seno de la Jerusalén Celeste, de la ciudad futura. Saboreamos la paz profunda; el ruido de la vida se quiebra en los muros del santuario y se torna un rumor lejano: he ahí el arca indestructible, contra la cual las tempestades no prevalecerán. Ningún lugar en el mundo puede comunicar a los hombres un sentimiento de seguridad más profundo.

Esto que nosotros sentimos todavía hoy, ¡cuanto más vivamente lo sintieron los hombres de la Edad Media! La catedral fue para ellos la revelación total. Palabra, música, drama vivo de los Misterios.

Drama inmóvil de las imágenes, todas las artes allí se armonizaban.

La Sainte Chapelle fue construída por San Luis para albergar la Corona de Espinas de Nuestro Señor
La Sainte Chapelle fue construída por San Luis para albergar la Corona de Espinas de Nuestro Señor
Era algo más allá del arte, era la luz pura, antes de que ella se hubiese diversificado por el prisma en haces múltiples. El hombre confinado en una clase social, en una profesión, disperso, aplastado por el trabajo de todos los días y por la vida, en ella retomaba el sentimiento de unidad de su naturaleza; él allí encontraba el equilibrio y la armonía. La multitud reunida para las grandes fiestas, sentía que ella era la propia unidad viva; ella se tornaba el Cuerpo Místico de Cristo, cuya alma se confundía con su alma. Los fieles eran la humanidad, la catedral era el mundo, el espíritu de Dios fluctuaba al mismo tiempo sobre el hombre y la creación. La palabra de San Pablo se tornaba una realidad: se vivía y se movía en Dios. Es esto lo que sentía confusamente el hombre de la Edad Media en el bello día de Navidad o de Pascua, cuando los hombros se tocaban, cuando la ciudad entera llenaba totalmente la inmensa iglesia.

Armonía entre las clases sociales

Símbolo de fe, la catedral fue también un símbolo de amor. Todos trabajaban para ella.

La catedral un símbolo de amor
La catedral un símbolo de amor
El pueblo ofreció lo que tenía: sus brazos robustos. El se enganchaba a los carros, cargaba las piedras sobre la espalda, tenía la buena voluntad del gigante San Cristóbal. El burgués dio su dinero, el Barón su tierra, el artista su genio. Durante más de dos siglos, todas las fuerzas vivas de Francia colaboraron: de ahí viene la vida poderosa que se irradia de esas obras. Hasta los muertos se asociaban a los vivos: la catedral estaba pavimentada de piedras sepulcrales; las generaciones antiguas, con las manos juntas sobre sus lápidas mortuorias, continuaban rezando en la vieja iglesia. En ella el pasado y el presente se unían en un mismo sentimiento de amor. Ella era la conciencia de la ciudad. [...] En el siglo XIII, ricos y pobres tienen las mismas alegrías artísticas. No existe por un lado el pueblo, y por otro una clase de pretendidos eruditos. La iglesia es la casa de todos, el arte traduce el pensamiento de todos. [...] El arte del siglo XIII expresa plenamente una civilización, una edad de la Historia. La catedral puede sustituir todos los libros.

Y no es solamente el genio de la Cristiandad, es el genio de Francia que florece aquí. Sin duda las ideas que tomaron cuerpo en las catedrales no nos pertenecen con exclusividad: ellas son el patrimonio común de la Europa católica. Pero Francia aquí se reconoce en su pasión por lo universal. [...]

¿Cuando comprenderemos que en el dominio del arte Francia jamás hizo algo superior?

(*} Émile Mâle, L´Art religieux du XIIIe siécle en France, Le Livre de Poche, Paris, 1969, pp. 448 ss (Primera ed.: 1898). Obra premiada por la Académie Française y por la Académie des Inscriptions et Belles-Lettres. 

por Cid Alencastro, en Catolicismo, Octubre de 2004


[1] La psicomaquia es una representación alegórica en la que abstractas virtudes humanas, representadas por personas, entablan una lucha contra los vicios, también personificados.

12 oct 2010 | por | Tema: Formación Católica

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    Un comentario
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    1. Hermosa nota, que bajo a mi archivo para compartir con mis nietos y niños de Catequesis.

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    Apreciamos mucho sus comentarios pero, por razones técnicas, agradecemos no extenderse excesivamente.