Parad y ved
No resistí. Era mi intención escribir sobre algún tema como la crisis interna de la Iglesia. Entretanto sentí que ni en mí, ni a mi alrededor, había condiciones para eso. Del fondo de mi alma subían los recuerdos armoniosos y distensivos de las Navidades de otrora. A mi alrededor, en la mirada de muchos de los conocidos y desconocidos con quienes me cruzo por la calle, de los amigos a cuyo lado lucho y trabajo, de los íntimos cuya amistad me ha acompañado a lo largo de los años que se van, noto una sed espiritual mal saciada, y un deseo mudo y tal vez subconsciente de volver a encontrar un poco de la verdadera alegría de la verdadera Navidad. Por cierto, ese es el estado de espíritu de muchos de mis lectores.
De este modo, me parece censurable negarme a mí mismo y a tantas otras personas una ocasión de librar de las mazmorras del olvido tantos recuerdos dorados, y de saciar la sed de maravilloso, de dulce, de sacrosanto, que reluce en la Navidad.
Pongamos de lado, pues, visiones tétricas de pueblos oprimidos, de tiranos ensañados, de multitudes electrizadas por demagogos, de escritores sinuosos modelando noticiarios tendenciosos para engañar al público. Por algunos instantes abrámonos a la luz de la Navidad, a fin de que se reanimen nuestras almas exhaustas y desoladas. Después retomaremos con mayor ánimo el fardo casi insoportable…
Es claro que no hablo de la alegría propagandística y no auténtica que domina la Navidad de hoy. Esta perdió, en nuestras costumbres sociales, casi todo su perfume de antaño. Y pasó a ser una función de comercio. Una propaganda frenética que casi no deja a las personas la libertad psíquica de no hacer compras. Compras que caben en el presupuesto de cada uno, y compras que no caben. Es preciso “obligar” al pueblo a comprar, para dar salida a los stocks acumulados y aumentar el volumen de los negocios. La Navidad tomó así, desde hace años, el aspecto afanoso y trepidante de una inmensa carrera del pueblo al servicio del aparato productivo.
Ipso facto la psicología del regalo y de las fiestas cambió. Cada vez más éste va perdiendo su carácter afectivo, desinteresado e íntimo. Es ahora un apéndice del negocio. Su razón de ser principal es crear, mantener o ampliar relaciones que sirvan a los negocios.
Impulsado por esa mentalidad, hasta el regalo desinteresado va tomando aspectos comerciales. Cada cual busca prever cuánto costará el obsequio que recibirá del amigo, para dar uno de igual precio. Pues si el regalo dado vale más que el recibido, el donante se sentirá defraudado y frustrado. Y recíprocamente. En suma, el regalo pasó a ser un trueque, calculado en función del precio. Por otra parte, en la fiesta -preparada en general con grandes dificultades-, cuántas veces es el interés económico el que, en lugar de la amistad, motiva la confección de la lista de los invitados, el tamaño de los gastos, etc.
“Gloria a Dios en las alturas, y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. ¡Cómo este cántico angélico encontró ambiente adecuado en las grandes extensiones desiertas de los campos de Belén, y en los corazones rectos de los pastores que despertaban del pesado y tranquilo sueño! Cómo, al contrario, las palabras del coro angélico parecen extrañas, sin resonancia, sin afinidad con los pensamientos de los hombres, en estas megalópolis modernas dominadas por la obsesión del oro, es decir, de la materia.
¿Murió la Navidad auténtica? (Continúa en página 2)
21 dic 2010 | por Acción Familia | Tema: Destacados, Fiestas religiosasPáginas: 1 2
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Les envío un gran saludo, gracias por éstas publicaciones del Dr. Plinio
que me son muy gratas de leer, ya que soy una ferviente admiradora
de sus obras. Con mucha fé y una gran caridad y por supuesto con toda
la formación valórica que uds. entregan, “hay que intentar” vivir la Navidad,
de antaño, sin contagiarse con el consumismo y el de regalar por regalar.
Parad y ved, este próximo 24, en la Santa Misa de Nochebuena, que Jesús
el Hijo de María Santísima se nos regala, ¡qué mejor obsequio! Que nadie se
quede sin salir a recibirlo…
Y un Santo año 2008, para uds.
Es una reflexión que llega hasta el fondo de nuestras almas. En una época consumista, para muchos es difícil mantener el verdadero espíritu de la Navidad, el espíritu de Paz y de Amor, pero nosotros los católicos debemos luchar y ser ejemplo para los demás de una verdadera Navidad.
Dios los bendiga
Elsa
gracias por cumplir la mision que debe ser de todo católico de dar a la Navidad su verdadero significado . Continuen esa increible labor de recordarnos lo que es nuestra fé. Feliz Navidad
Muchas gracias por mantener viva la esperanza de la verdadera Navidad! Sigan trabajando con ahinco y vocacion de servicio.
Feliz navidad!!
M. Beatriz
Comparto plenamente esta reflexión. Es verdad que casi no hay libertad para no comprar y hacer regalos en este tiempo que es OTRA COSA…
Se requiere una voluntad fundada en la Esperanza y la Fe para no regalar y para no dejarse invadir por un vértigo ambiental que roba la Paz verdadera.
Gracias por el artículo que es un estímulo y un ánimo a la Esperanza y la Fe en este Señor que nos ama sin condiciones.
En verdad esta reflexión ha sido un gran aporte. Para mí, al menos, que libro año a año la lucha entre vivir la auténtica alegría de la Navidad y la vorágine de actividades y materialismo en el cual uno se enreda.
Feliz Navidad,
Rebeca G.
Les estoy muy agradecida por tan importante envio, Accion Familia, contribuye al mejoramiento de nuestra formación, es muy importante, buena, maravillosa, sigan asi, cosechando exitos.
Dios los bendiga hoy, mañana y siempre.
Dalia Guerrero Quintero