Le ataron las manos porque hacían el bien
Señor mío, ¡qué lección! Viendo a la Iglesia perseguida, humillada, abandonada por sus hijos, negada por las costumbres paganas y por la ciencia panteísta de hoy, amenazada de fuera por las hordas del comunismo, y por dentro por los desatinos de los que quieren pactar con el demonio, vacilo, tiemblo, juzgo todo perdido.
¡Señor, mil veces no! Vos resucitasteis por vuestra propia fuerza, y redujisteis a la nada los vínculos con que vuestros adversarios pretendían reteneros en las sombras de la muerte.
Vuestra Iglesia participa de esa fuerza interior y puede en cualquier momento destruir todos los obstáculos con que la cercan.
Nuestra esperanza no está en las concesiones, ni en la adaptación a los errores del siglo. Nuestra esperanza está en Vos, Señor.
Atended las súplicas de los justos que os imploran por medio de María Santísima. Enviad, ¡Oh! Jesús, vuestro Espíritu, y renovaréis la faz de la Tierra.
(«Catolicismo», N° 16, abril de 1952)
26 mar 2012 | por Acción Familia | Tema: Fiestas religiosasInscríbase para recibir nuestra Newsletter
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